En Spany Infantil creemos que los cuentos clásicos son una herramienta maravillosa para transmitir valores esenciales a los más pequeños. Hoy os traemos nuestra adaptación del cuento de los tres cerditos para niños, una versión pensada para disfrutar en familia donde la paciencia, la colaboración y el trabajo en equipo son los verdaderos protagonistas.
Podéis poneros cómodos para leerlo juntos o darle al play a nuestro vídeo animado si preferís seguir la historia con voces y música.
🐷 Cuento Infantil: «Los Tres Cerditos»

«En un pequeño pueblo de la campiña inglesa, hace ya muchos años, vivían tres hermanos cerditos: Tom, Sam y Freddy, con su mamá, una adorable pero disciplinada cerdita, llamada Emma.
Los tres compartían la misma habitación desde siempre… pero últimamente, dormir juntos se estaba complicando un poco.» «A la mañana siguiente, los tres hermanos bajaron a desayunar con caras de sueño… y de fastidio. Sam comenzó diciendo a su hermano Tom, que la luz encendida le molestaba, y Tom le contestó que a él le molestaban sus ronquidos. Y también me molesta que Freddy se levante tan temprano.
Comenzaron a discutir y a levantar la voz. La mamá les observaba mientras tomaba su taza de té, y cuando más acalorada estaba la conversación entre los hermanos, con voz muy calmada les dijo: Los tres hermanos se callaron de golpe y se giraron hacia ella, sorprendidos por el tono tan calmado en medio de tanto alboroto.

-«Tenéis un terreno enorme detrás de casa, lleno de plantaciones. ¿Qué os parece si cada uno se construye su propia cabañita allí? Así, por las noches, dormiréis tranquilos y separados… y por el día, podréis visitaros y jugar juntos como siempre.» Pero escuchadme bien, esto es importante: si decidís construir vuestras cabañas, recordad que tienen que ser resistentes.
Ya sabéis que a los lobos les gusta merodear por estas tierras, en busca de jugosos cerditos. Y se abalanzó sobre ellos sonriendo, pero simulando que los estaba devorando y todos terminaron riendo.
Con las risas todavía en el ambiente, los tres hermanos salieron corriendo de la casa, directos hacia el gran terreno familiar, ansiosos por ver qué parcela les interesaba más coger.
Sam llegó a una zona llena de matorrales secos y paja dorada, la más cercana de las tres. Se quedó mirando el terreno, y sin pensarlo mucho, decidió: «¡Este mismo me vale, así no tengo que caminar más!»
Tom siguió buscando un poco más lejos, y se paró en un pequeño grupo de árboles y cañaverales junto a un riachuelo, un perfecto paisaje para ser dibujado, porque esa era la verdadera pasión de este cerdito. Miró las cañas, y pensó … mmm no se ven muy resistentes, pero sí ligeras, así que terminaré pronto mi cabaña y así podré ponerme a pintar.

Freddy fue el que más lejos llegó, hasta el límite del terreno familiar. Desde allí, podía ver la finca del vecino Bill, con montones de ladrillos apilados junto a su granero. Freddy sonrió con determinación, porque esos ladrillos serían perfectos para construir su cabaña.
También se dio cuenta que él no sabía construir con ladrillos, pero vio que el vecino tenía caballos y él podría ayudarle a cuidarlos a cambio de consejos y ladrillos para construir su cabaña. Justo en ese momento Bill salía de su casa, levantó la mano para saludarle mientras se acercaba al pequeño.
-Hola Freddy, ¿qué haces por aquí tu solo?. -Eeeh… es una larga historia, pero te doy la versión corta: tengo que construirme una cabaña resistente. He visto que tienes ladrillos, pero entonces he caído en la cuenta de que no sé nada de construir con ladrillos. -Ah! Estás de suerte, porque yo soy constructor. Podemos hacer un trato, tú por las mañanas me cuidas los caballos y yo por las tardes te ayudaré a construir tu caballa ¿qué te parece?. Me encanta, es una idea estupenda. -Pues manos a la obra.
Sam llevaba ya un rato levantando las paredes de su cabaña con paja, ¿y por qué la hizo de paja? porque la paja estaba ahí mismo, así no tenía que ir a buscar otro material más lejos. Ataba los manojos deprisa, sin apretarlos bien, y los iba apilando uno al lado del otro hasta darles forma de pared. -«Cuanto antes termine, antes podré tumbarme a descansar», pensaba.
Un poco más lejos, Tom levantaba su propia cabaña atando cañas unas con otras para formar las paredes y el tejado, sin tener en cuenta el aviso de su mamá, de construir una cabaña resistente. No porque lo hubiera olvidado, sino porque quería terminar pronto para ponerse a pintar. Mientras tanto, Freddy no había levantado ni un solo ladrillo todavía. Llevaba toda la mañana cepillando caballos y limpiando el establo. Sabía que, para tener una casa de verdad resistente, primero tenía que ganarse la ayuda de alguien que sí sabía cómo hacerlo bien.
Poco a poco, día tras día, las paredes de ladrillo fueron subiendo. Freddy aprendía algo nuevo en cada tarde: cómo mezclar bien el mortero y cómo colocar cada ladrillo para que quedara firme.

Cayó la noche. Sam dormía plácidamente dentro de su cabaña de paja, unos ruidos de pasas sigilosos lo despertaron. Miró por la ventana y vio que el lobo se acercaba, eso le dio un tiempo muy valioso para escapar, porque el lobo corría mucho más rápido que él. El lobo sabía que Sam era algo perezoso, llevaba días acechándole.
Y cuando estaba cerca de su cabaña, le dijo: sé que estás ahí dentro pequeño cerdito, sal para que pueda verte, o de lo contrario soplaré y soplaré y tu casa derribaré. Como el cerdito no salía, el lobo de un soplido la cabaña derribó, pero… el cerdito ya no estaba dentro. Sam ya estaba lejos, pudo encontrar la cabaña de Tom y le pidió que por favor le dejara dormir con él, porque el lobo había derribado su cabaña.
Sam, llega a casa de Tom y le da vergüenza decir que hizo una casa de paja y que el lobo la derribó de un soplido. Y creyó que las cañas eran más resistentes. A la mañana siguiente, Sam estaba más colaborativo, fue a recoger unas zanahorias para comer mientras Tom pintaba. Tom pensó: mmm qué le pasa a este cerdito, le veo muy extraño. Supongo que le ha dado miedo dormir solo. Los días fueron pasando. Tom pintaba cada tarde junto al riachuelo, cada vez más feliz con sus cuadros. Sam, por su parte, seguía extrañamente pegado a la cabaña de Tom, pero más colaborativo, traía agua del río y recogía comida para ambos.
Pero una noche… mientras ya estaban en la cama, Sam oyó otra vez los pasos del lobo, inmediatamente despertó a Tom: – Tom, creo que el lobo está fuera de la cabaña. -¿Cómo sabes que es el lobo? -Porque él derribó mi cabaña de paja de un soplido, ¿pero la tuya no podrá derribarla verdad? -¡Por qué no me lo habías dicho?, claro que puede derribarla, la hice con prisas para ponerme a pintar. -Escapémonos, deja la luz encendida para que piense que seguimos aquí. .Eso hicieron los dos hermanos, salieron rápidamente pero sin hacer ruido, por la parte de atrás.

El lobo estaba frente a la cabaña, estaba muy feliz, porque ahora podía cazar dos cerdos, mucho mejor que uno. Ya se estaba relamiendo los bigotes: mientras decía: salid cerditos, salid, o de lo contrario soplaré y soplaré y vuestra casa derribaré. El lobo sopló fuertemente y la casa derribó, pero… los cerditos allí ya no estaban. –
¡Me han vuelto a engañar! No pasa nada os encontraré porque tengo un gran olfato.
Sam y Tom corrían sin parar por el campo, el corazón les latía con fuerza. No sabían cuánto habían corrido, pero de pronto vieron, al lado del establo del vecino Bill una hermosa casa de ladrillos nuevecita. Tom dijo: -«¿será esta la casa de Freddy?- Inmediatamente Sam le contestó: -Sí esta es, mira ha puesto su nombre aquí.
Los cerditos tocaron desesperadamente en la puerta, sin querer hacer mucho ruido. «¡Freddy, Freddy, ábrenos! Somos tus hermanos!»-. Freddy abrió la puerta al instante, y sin darle a tiempo a saludarles, los cerditos se metieron en la casa y cerraron la puerta.
Dentro, ya a salvo, Sam y Tom recuperaban el aliento apoyados contra la puerta. Freddy los miró de arriba abajo y viendo la cara de susto que traían, eso sólo podía indicar una cosa, el lobo les perseguía. -«Dejadme adivinar… el lobo, ¿verdad?»-. Sam y Tom asintieron, todavía sin aliento.
El lobo, siguiendo el rastro con su fino olfato, había llegado hasta la casa de ladrillo.
-«Vaya, vaya… tres cerditos juntos, en una sola casa. Hoy sí que será un buen banquete. ¡Salid, o soplaré y soplaré, y esta casa también derribaré!»-. Dijo el lobo, tomó una gran bocanada de aire, y sopló con todas sus fuerzas. Sopló una vez… sopló dos veces… sopló una tercera vez, hasta quedarse casi sin aliento. Pero la casa de ladrillo no se movió ni un centímetro.
Dentro, los tres hermanos se abrazaban asustados con cada soplido, pero al ver que las paredes ni siquiera temblaban, poco a poco el miedo empezó a convertirse en alivio… y hasta en risa nerviosa.

Sam muy contento: -«¡Freddy! ¡Tu casa no se mueve!»
-«Ladrillo a ladrillo, tarde tras tarde… por algo se hacen bien las cosas”,- contestó Freddy. Fuera, el lobo, agotado y con la cara roja del esfuerzo, se dejó caer sentado en el suelo, jadeando.
Cuando recuperó el aliento, ideó un plan, porque como lobo astuto que era, no se dejaría escapar tan suculentos manjares. Dijo en voz alta: -¡Vaya! Esta casa es muy resistente, no la podré derribar, me rindo, tendré que irme.- Dio unos cuantos pasos haciendo ruido y se escondió detrás de la casa, su plan era entrar por la chimenea, era verano así que estaría apagada.
Tom y Sam estaban saltando de contentos y Freddy les miraba con cara de incredulidad: -estaba mintiendo, no se ha marchado, no dejará escapar tres cerditos tan fácilmente. Pensemos entre todos: ¿por dónde intentarías entrar en la casa vosotros? Sam pensó rápidamente, esa era su especialidad: -¡yo intentaría entrar por la chimenea! -Muy bien visto, Sam- dijo Freddy. -Venid calentaremos una gran olla con agua y la pondremos en la chimenea.
Los tres hermanos se pusieron manos a la obra. Tom trajo leña y avivó el fuego bajo la olla. Sam llenó la olla de agua, cubo tras cubo, sin protestar ni una sola vez. Cuando el agua estuvo caliente, pusieron la olla en la chimenea.
Fuera, el lobo, convencido de que los cerditos ya se habían confiado, se relamía los bigotes mientras trepaba hasta el tejado con sigilo.
– «Jejeje… por la chimenea, nadie se imaginaría ver a un lobo bajar.»
Y sin hacer ruido, se deslizó lentamente, hasta que, de repente… ¡PLOF! Cayó de lleno en la olla de agua caliente. Y como por arte de magia adquirió las destrezas de un gato, porque trepó la chimenea en tiempo récord. No le dio tiempo ni a despedirse, los muchachos sólo pudieron ver por la ventana, cómo el lobo desaparecía por el bosque.
Podría parecer que aquí acaba esta historia, pero en realidad fue el comienzo de cómo tres hermanos cerditos, olvidaron sus diferencias para convertirse en un equipo perfecto: Sam tenía las ideas, Tom las dibujaba y Freddy las construía.
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